Marcas/Negocio

BadToro ¿No habrá paz para los malvados?


Desde los años 60 las camisetas han sido uno de los soportes preferidos para la expresión del yo. Una forma sencilla de hacer saber al mundo qué música escuchamos, a qué conciertos hemos ido, qué libros leemos o por qué estamos cabreados. El abanico es amplio. Desde las serigrafías de andar por casa que encontramos en cualquier festival a la producción masiva de las grandes marcas de moda, la camiseta “panfletera” parece estar viviendo una segunda juventud, un horror vacui del textil.

Y aquí me puede la deformación profesional. Un simple paseo por Malasaña se convierte en todo un ejercicio práctico para abogados. Camisetas que cuestionan los límites de la parodia de marcas (el maullido de Féline-Céline está entre mis favoritas). Serigrafías que desafían el reconocimiento post-mortem de los derechos de imagen, ganando por goleada la cara sorprendida de Paco Martinez Soria en La Ciudad no es para mí en un desfile constante de “Audries”, “Fridas”, “Bud Spencers”…

En este paisaje, un caso curioso y menos “indie” es el del famoso “Toro de Osborne”, que se ha apropiado de las pecheras de media España como modo de reivindicar el sentimiento patrio, especialmente en eventos deportivos internacionales. Tanto es así que el mismo Tribunal Supremo ha tenido que poner orden en el asunto:

“El Toro no constituye ningún símbolo o icono oficial de España, sin perjuicio de que alguna concreta representación gráfica del toro de lidia haya resultado muy conocida y sea empleada por algunas personas junto con la bandera de España. Este uso social, que no consta se haya generalizado, aunque no pasa inadvertido, sobre todo en algunos eventos deportivos en los que interviene una representación española, lo único que pone en evidencia es que una determinada representación gráfica del toro de lidia ha sido empleada –por algunos- con una finalidad de reivindicación de lo español. Pero en todo caso es esa determinada representación gráfica, no el animal, ni mucho menos su denominación”.

Esta conclusión se produce en la Sentencia del Tribunal Supremo de 18 de enero de 2017, tras la demanda interpuesta por Grupo Osborne, S.A. contra Jordi Nogués, S.L. solicitando la nulidad de la marca española denominativa “BADTORO” en las clases 25[1] y 35[2] y el cese en el uso de la misma por entender que se estaban infringiendo sus marcas de la Unión Europea denominativas “TORO”. Por simplificar, diremos que lejos de allanarse a las peticiones de la bodeguera, Jordi Nogués formuló una reconvención contra Osborne solicitando la nulidad de sus marcas “TORO”.

BadToro

El Supremo no muestra demasiadas dudas en relación con la inexistencia de riesgo de confusión entre las denominaciones “TORO” y “BADTORO”, lo que implica tanto la desestimación de la acción de nulidad relativa interpuesta por Osborne, como la inexistencia de infracción:

“Además de que la denominación ‘Toro’ carece de especial notoriedad, el añadido del calificativo inglés ‘Bad’ da lugar a un neologismo (‘Badtoro’) que al margen de la referencia conceptual que pueda suponer para una parte de la población que reside o visita España familiarizada con el idioma inglés, genera una diferenciación gráfica y fonética respecto del signo ‘Toro’ suficiente para que, respecto de los productos y servicios a los que una y otras marcas están registradas, una apreciación global no advierta que el signo ‘Badtoro’ genera riesgo de confusión en el consumidor medio”.

Dicho lo anterior, lo verdaderamente interesante de esta sentencia es la reconvención que presenta Jordi Nogués, en la que intenta anular las marcas de Grupo Osborne. El primer intento pasa por alegar que la palabra “Toro”  carece de capacidad distintiva[3] al funcionar como un icono, un símbolo de España. Afirma Nogués que dicho intento de monopolización debe entenderse contrario al orden público[4], un registro ilícito de un auténtico símbolo de España que no debería ser susceptible de monopolización dado su especial interés público[5].

El Tribunal Supremo comienza por rechazar la ausencia de distintividad del término “Toro”, entendiendo que el análisis del carácter distintivo de las marcas debe llevarse a cabo atendiendo a los productos y servicios reivindicados por Osborne: “el vocablo ‘toro’ no está privado de carácter distintivo, salvo para aquellos productos o servicios directamente relacionados con la tauromaquia”. En el caso que ahora nos ocupa, el Supremo concluye que la bodeguera puede conservar sus derechos marcarios en las clases 18, 25, 30 y 35 al entender que los productos y servicios reivindicados no guardan relación alguna con la tauromaquia.  

Por otro lado –como no podía ser de otro modo- el Supremo entiende que el registro de las marcas “Toro” por parte de Grupo Osborne no atenta, en modo alguno, contra las buenas costumbres y el orden público.

Finalmente, y como ya hemos avanzado, el Supremo concluye que la palabra “toro”, en sí misma considerada, no constituye un icono o emblema oficial de España. El Tribunal no niega la importancia de la tauromaquia en la cultura española, pero de ello no deriva que el toro sea un emblema oficial de nuestro país que haya vaciado de carácter distintivo la denominación “toro”. Siendo así, no concurre motivo de prohibición absoluta que impida a Grupo Osborne el registro, uso y defensa de sus marcas “Toro”.

Un punto a favor de la bodeguera portuense, que ve asegurados sus derechos marcarios en materia de merchandising taurino. No obstante, la saga no termina aquí. En breve el Tribunal General de la Unión Europea deberá pronunciarse sobre el intento de Osborne de anular la marca gráfica solicitada por BadToro, de nuevo, por riesgo de confusión. ¿Habrá finalmente paz para los (toros) malvados?

[1] Vestidos, calzados, sombrerería.

[2] Servicios de importación, exportación, representaciones comerciales, venta en comercios y a través de redes mundiales informáticas. Publicidad; gestión de negocios comerciales; administración comercial; trabajos de oficina.

[3] Artículo 7 a) y b) del Reglamento de Marca Comunitaria.

[4] Artículo 7 f) del Reglamento de Marca Comunitaria.

[5] Artículo 7 i) del Reglamento de Marca Comunitaria.

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